martes, 4 de agosto de 2026

[Batallitas] Cita a Ciegas (parte II)

 


Hasta ahora: 

Los 90, yo escuchaba a TerrorVision y flipaba con la animación y BSO de “Pesadilla antes de Navidad”. En mi cuarto, póster de “Pulp Fiction” tras la puerta y un PC 286 con disquetera 3 ½ que ejecutaba el DOOM con tirones. Sin internet.

En el despacho de AESS, tras una picajosa conversación con una chica mayor (según ella, claro), habíamos terminado concertando una Cita a Ciegas.

 

Ahora:

El acontecimiento iba a ocurrir en bar El Sol de la Plaza del Sol (originales) en Gracia. Para más “inri” me llevó mi ex en moto: no preguntéis, no recuerdo cómo la lié para llevarme. Una rubia pizpireta que parecía más entusiasmada con la cita que yo.

Sin parar de hablar hacia atrás en la moto y de hacer eses por media Barcelona, para saber con pelos y señales cómo demonios había conseguido yo una cita a ciegas, llegamos a Gracia de una pieza. Nos despedimos no sin antes jurarle que se lo contaría todo, todo y todo, y así, lozano yo, troté con saltitos alegres hacia el escenario de mi oprobio.

Sentado incómodamente en la mesita en la terraza y con mi fresquita botella de Voll a mano, me dispuse a esperar los 5 minutillos que faltaban para “la experiencia”, leyendo lo que pudiese de mi fiel compañero el señor libro (que no es siempre el mismo).

Al cuarto de hora y con la cerveza casi terminada empecé a lanzar miradas por la plaza por si veía a alguna fémina dentro de la cabina de la esquina, o parapetada tras alguna farola.

Nada.

Pedí otra Voll-Damm y continué con el libro sin prestarle ya demasiada atención, despistándome por cualquier movimiento sospechoso en mi campo visual.

A la media hora larga de espera ya había decidido que me habían dado plantón y estaba de nuevo enfrascado en la lectura cuando el sol, del que tanta gala hace la plaza, quedó eclipsado en mesita y libro.

- ¿Óscar?

Levanté la vista con una media sonrisa para descubrir al troll de las cavernas que me había hablado. Un ser de enormes dimensiones ataviado de tules negros, cuero y tachuelas cromadas, con gafas cerradas de alta montaña y clips rosas en un pelo negro cuervo, que resaltaba espantosamente la blancura cerúlea de su rostro hinchado y repleto de granos.

Era como si a Jabba el Hutt le fuese el rollo Marilyn Manson y quisiera tomarse unas birras conmigo.

Mi cerebro entró entonces en modo Matrix (tiempo pausa) y en décimas de segundo evalué las posibilidades:

a) Responder “No señorita, se equivoca, mi nombre es Luís Alfredo y me está tapando el sol”.

b) Lanzarle la Voll a la cabeza, para aturdirla los segundos suficientes y coger ventaja huyendo esquivamente por las callejas de Gracia, como si me persiguiese un T-Rex (dando alaridos y sacudiendo los brazos).

c) Llamar a Stan Winston para que no se esfuerce en su nueva peli.

d) Todas las anteriores.

Sorprendentemente no escogí ninguna de estas y haciendo de tripas corazón y reponiéndome de la sobrecogedora y escalofriante primera impresión (creo ser consciente que durante ese instante de absoluta y terrorífica incertidumbre mi sonrisa se mantuvo la mar de natural) decidí darle una oportunidad al pobre troll de las cavernas de Mordor.

- Si que has tardado, ¿no? –dije controlando totalmente la situación- ¿Acaso tenías miedo?

¡Por Dios, Óscar! Que una cosa es ser compasivo con los mutantes y otra muy diferente flirtear con ellos. No tengo remedio.

- No sabía si ibas a venir –dijo mientras tomaba asiento haciendo chirriar la sillita.

No entendí si eso era una explicación a su retraso o estábamos ya en otra conversación. Sonreí algo nervioso y decidí acabarme la segunda Voll de un trago.

El caso es que no recuerdo muy bien de qué estuvimos charlando. Yo estaba obsesionado con la palidez mórbida de su piel. Recuerdo algo de que se había enamorado, en las para-olimpiadas de Barcelona (había sido voluntaria), de un atleta senegalés, y que había huido con el equipo de vuelta al Senegal obnubilada (digo yo) por el exotismo y misterio que debe emanar un fuertote atleta senegalés. Parece ser que no funcionó y se volvió a Barcelona. O igual es que los furtivos la confundían con un gorila de lomo blanco, vaya usted a saber. El caso es que el troll tenía anécdotas para dar y tomar, todas con un aire de nostálgica amargura. También me contó sobre las charlas con su padre, que entraba de noche en su habitación cuando ella estaba ya acostada y se sentaba a los pies de la cama para hablar de cómo había ido el día, y de todo un poco. Si no tenemos en cuenta que su padre había muerto hacía años, hubiese sido una anécdota de lo más intrascendente, claro.

Y entre trago y trago de mi tercera Voll decidí que al menos estaba resultando interesante. Ay, qué malo es el alcohol.

- ¿Qué pensarías si te digo que me gustaría salir contigo? –dijo de repente el ogro gótico.

Si hubiese sido una peli, la musiquilla entretenida que acompasaba nuestra charleta hubiera sido interrumpida de repente con el ruido de un disco rayado.

Encefalograma plano.

Sudor frío en las palmas.

Latidos detenidos.

- Pero si no nos conocemos –argüí yo, tratando de reactivar mi sistema neural para acceder al catálogo de excusas que habían usado conmigo.

- Para eso saldremos, para conocernos mejor.

La simple idea de besar a la viscosa cosa del pantano me hizo amagar una arcada.

“Es que yo te veo sólo como una amiga” (no, esa no), “es que eres muy joven” (tampoco), “seguro que encontrarás a otro y le harás muy feliz” (no, esta es para cortar), “es que tengo que darle la pastilla al gato y se me ha olvidado” (buff.. y esta a qué viene).

- Es que yo salgo con quien me gusta -mal respondí ¿y por qué? Pues yo qué sé. Aún podía tirarle la Voll a la cabeza y huir, ¿no? Empezaba a haber bastante gente por la zona y podría darle esquinazo en un par de calles.

Miré alrededor. Ella se inclinó hacia mí.

- ¿No te gusto?

“Pues claro que no me gustas Barón Harkonnen, que estás como una regadera. Aleja, aleja bicho.”

- Me refiero a que sólo hemos hablado un rato, no tengo una idea formada -respondí con una serenidad que aún hoy me asusta, dándole otro tiento a la cerveza y sopesándola.

“Olé mis huevos”.

- Pues yo lo tengo muy claro. A veces con cuatro palabras bastan para saberlo.

“Esto no puede ser real”.

- Bueno, ejem… pero yo funciono así. Soy como más clásico ¿sabes? Conoces a alguien, te haces amigo porque te sientes a gusto… eso evoluciona… y tal.

- ¿Y el flechazo? -lo dijo con un susurro sensual.

“Voy a vomitar”.

- Podrías arriesgarte y cambiar, para probar.

“Para qué, tampoco necesito amartillarme los testículos para saber que va a ser una de las experiencias más horrorosas y dolorosas de mi vida.”

- Humm… no funcionaría, necesito sentir algo (que no sea miedo y repulsión cada vez que te miro).

- ¿Ves como eres un crío? -se volvió a reclinar en la silla-. Se te plantea una situación de adultos y te pones nerviosito como un flan.

“¡Pues sí! ¡Soy un crío! ¡Y quiero volver con mi mamá, ya!”

- ¿Nervioso? Yo no estoy nervioso.

- ¿Y por qué no dejas de sacudir la pierna?

Miré hacia mis piernas y en efecto, estaba dando golpecitos de talón con mi derecha.

- Es que me estoy meado. Las tres Volls... –solté con carita de inocente.

- Pues ve a mear, hombre. Ve.

- Con su permiso.

Y desaparecí en el bar para mear a presión durante un minuto entero mientras avaluaba la posibilidad de escapar por el respiradero del apestoso escusado. Pero quién me mandaba a mí, meterme en una cita a ciegas. Desde luego yo no era Bruce Willis, y vive Dios y todos los ángeles el Reino Celestial, sus madres, tías, primos y abuelas que ella pertenecía a una dimensión opuesta a la de Kim Basinger.

Puto Pepe. Esto era culpa suya y no se lo pensaba contar jamás. ¡Jamás!

- ¿Tenéis puerta trasera? –le pregunté al camarero.

- Qué.

- Nada, déjalo.

Me escondí tras el poto (¿potus, potos, potos, puta ya?) del bar sin saber qué demonios hacer.

Vale, sí, mi niño interior estaba asustado, como mi adulto interior. Ya había aprendido la lección y ahora quería que el comerrocas de pesadilla “made in” Wes Craven desapareciera para poder salir tranquilo.


Pero ella permanecía allí. Con las manos sobre sus piernas y la mirada perdida. Inmóvil.


(continuará...)



lunes, 3 de agosto de 2026

La botella de whisky (2026)



La mujer sostuvo la botella de whisky vacía mientras observaba la habitación, tenuemente iluminada por una triste bombilla en la que había enganchadas un par de moscas viejas. 
La destartalada cocina estaba en peores condiciones de las que recordaba, y eso la hizo sentirse algo sucia, como si en parte fuera culpa suya por no haber llegado antes. 

 - ¿Hola? 

Silencio. 

Dejó la botella de whisky sobre la mesa de madera y se limpió por instinto en los tejanos. 

Ya había caído la noche y empezaba a hacer frío de verdad. La cabaña estaba bastante apartada de cualquier núcleo urbano y se notaban siempre unos grados de menos. La mujer se cerró el cuello de la cazadora y se calentó las manos con el vaho. 
Miró hacia el pasillo. Luz tenue procedente del salón. 

Él estaba sentado en el suelo frente a un tímido fuego, sobre los cojines del sofá. Muy cerca de una pobre llama que trataba de calentar e iluminar, sin lograrlo. 

- Has encendido el fuego, bravo -trató de sonar casual y divertida-. En tu estado te imaginaba desnudo en medio del bosque persiguiendo alguna alimaña. 

- Hombre... fuego... -masculló él sin apartar la mirada de la chimenea. 

Treinta años de las mismas bromas infantiles, y aún le arrancaban una sonrisa. Triste esta vez.

Echó un par de troncos más a la hoguera, cogió la manta de sofá, húmeda y vieja, y se sentó junto a él, pasándola por encima de ambos. El instinto la empujó a abrazarlo, quiso frenarse por respeto, pero lo abrazó; muchos años, muchas batallas. 

- ¿Cómo estás? -preguntó en tono conciliador. 

- He vomitado tressvecesss y mencuentro como una mierrrda -arrastraba las palabras. Apoyó la cabeza en las dos manos. Sus rizos ya canosos sobresalían entre los dedos-. Estaba helado. Creo quehetardado comunahora en encenderrlo. Fueeeegoooo...bueeeno. 

Ella se acurrucó junto a él bajo la manta y suspiró con fuerza. Iba a ser una de las conversaciones más jodidas de su vida. 

- ¿Sólo tres veces? Espero que haya sido fuera de la cabaña -ella inició el gesto de acariciarle los rizos, pero se frenó, le frotó la espalda en círculos-. Para haberte soplado el Macallan de 18 años en una tarde, yo te veo estupendo. 

Pasaron un rato en silencio. Observando como el fuego cogía fuerza. 

Él respiraba con intensidad. Algún resoplido. Se iba despejando. 

De repente se rascó la cabeza con nerviosismo. 

- Lo siento -soltó en un sollozo. Ella retiró la mano de su espalda y cruzó los brazos. 

- Yo también lo siento, ¿sabes? -apretó los labios para evitar las lágrimas. 

- Sí. Lo sé, lo sé cariño. Lo siento, ¿vale? Me siento como un judas de mierda. 

- ¿Judas? Judas era un traidor, no un cobarde. 

Mierda. La intención de ser conciliadora y comprensiva se había esfumado de golpe. Demasiada tensión, demasiado reactiva. 

Silencio. Ella se sintió mal. Él se sintió mal. 

- Perdona -dijo ella-. Estoy cabreada contigo. 

- Ya. No estoy orgulloso, pero es mi decisión. 

Ella inspiró fuerte y resopló. 

- Has estado con ella -fue más una afirmación que una pregunta. 

- Sí. Ya está todo -lo dijo calmado. 

- ¡No, no está joder! ¡Y no es sólo tu decisión, tienes una familia! Muchos años juntos. Huir como un crío asustado no es la solución, joder -de repente tenía lágrimas corriendo por sus mejillas. Se había dicho que sería fuerte, pero ahí estaban-. Podemos hablarlo, al menos. ¿No? Nos lo debes. ¡Joder! 

- No -dijo él, y sonó firme, sereno y firme-. Es mi vida. Y los críos ya son mayores. Tienen la suya. Ya no me necesitan. 

El colmo. Ella rompió en sollozos. Apartó la manta de un golpe y se levantó. No podía estar cerca de él. 

Se giró. 

- ¡Puto egoísta de mierda! ¡Y yo qué! ¿Después de todo lo que hemos pasado me dejas así? 

- No quiero pasar por lo que pasaron mis padres. Lo sabes, cariño. Ya lo hemos hablado. 

- ¿Hablado? Siempre pensé que era una de tus tonterías fantasiosas y exageradas. ¿Pero qué te ha estado pasando por la cabeza todos estos años? 

- Sonia lo entiende, esperaba que tu también lo entendieras. 

- Ah, claro, Sonia la comprensiva ¡Esa zorra te dirá lo que quieras oír, joder! ¡Yo soy tu mujer y te digo que hay otras opciones! 

Él la miró a la cara. 

- No las hay, sólo habrá sufrimiento para todos. Y no quiero eso cariño, ya lo sabes. No lo quiero para nadie. 

Ella se arrodilló frente a él y lo abrazó entre sollozos. Él correspondió con ternura y se dejó llevar por la emoción. 

- Es la decisión más difícil de mi vida -dijo entre lágrimas-. No esperaba que lo aceptaras, pero sí que la respetaras. 

- ¡No puedo, no puedo! -ella lloraba con la cabeza hundida en la manta. 

Lloraron abrazados un rato. Luego, él le cogió la cara con ambas manos y la sostuvo frente a la suya. La besó entre lágrimas, un beso lento, un beso de despedida. 

Se levantó y la manta calló al suelo. 

- Será mejor que te vayas ya. Debo estar solo. 

Ella seguía de rodillas, abrazada a sí misma. Lloraba desconsoladamente. 

- En mi coche está todo. Llévatelo. 

Él desapareció en la habitación contigua y cerró la puerta con llave desde dentro. 


Ella se levantó al poco y desvió la mirada hacia la pared. El soporte del rifle de su padre estaba vacío. Apretó los labios sin conseguir contener las lágrimas, que resbalaban sin cesar por sus mejillas. 

Le lloraría siempre. 

Salió de la casa y fue hasta el coche de su marido. En el asiento del copiloto estaban los resultados del tercer análisis. Tumor escamoso; no operable. Como mucho tres meses de paliativos. Junto al informe, una copia del certificado de últimas voluntades actualizado y las directrices para Sonia, su abogada. Todo bien atado, como era él. Pulcro y organizado. Nada al azar. Y menos su muerte, claro. 

Ella fue hasta su coche y se cerró de un portazo para evitar el frío. 

El Macallan de 18 años lo compró el día que murió su padre, de un tumor escamoso inoperable después de meses de sufrimiento y agonía. Siempre dijo que se lo bebería el día de su fiesta de despedida. 

Metió la llave en el contacto, y antes de arrancar sonó el disparo. Fuerte y seco. 


Julio del 2026.


domingo, 26 de julio de 2026

Boda en el norte y Borges

ALERTA: humor bajo 😤

A finales de este julio asistí en Algorta a las segundas nupcias de uno de mis primos. Me daba una pereza infinita tener que ir. 

La pereza ya no era sólo por el viaje, maletas, las comidas, dormir fuera, socializar con gente que no me importa un carajo, o que la boda atufase a paripé de post-quinceañeros enchochados (que lo fue) y que intuyo no durará mucho; por enésima vez. Era un poco más por mi ego gruñón, disfrazado de diablillo sobre mi hombro izquierdo, susurrando: “¿para qué te esfuerzas y dedicas tu tiempo, tu energía y tu dinero?” ¿cuándo ha sido la última vez que nuestros queridos primos hermanos del norte han venido a Barcelona a saludar? ¿décadas? Ni para el entierro de tu padre hace 2 años.” 

Cierto. 

Allí les encanta presumir de sus primos de Barcelona, pero ni un whassap por mi cumpleaños, oye. 

“Quid pro quo”, primos, es lo que me pedía el cuerpo. 

Y, además, tal y como estaban las cosas por casa, no era el mejor momento, la verdad. 

La más lista aquí fue mi hermana pequeña (ya acostumbra) que dijo que “nanais” desde un principio y que “ya les llamaré pare felicitarles, si eso”. 

Pero bueno, sabiendo la ilusión que le hace siempre a mi madre volver a su tierra, y convenciéndome de que estaría bien estrechar lazos familiares con mi única familia, hice un esfuerzo por cambiar mi estado anímico y para allá que fuimos. 

Aquí haré un salto para ahorrar el horror que fue la primera noche en Bilbao. Tanto, que tenía la firme intención de coger el coche a primera hora de la mañana y volverme a casa, y allí os quedáis. Duro. Lo dejo para otro momento y otro humor, donde seguro sale otra batallita divertida, pero aún está reciente y de momento quema demasiado para reírme. 

Al caso, ¿a qué viene tanta introducción? Para que tengamos el contexto de mi estado de humor aquel día. 

💕💕💕

Sábado a las 13 horas en el ayuntamiento de Getxo. 

Gente guapi haciéndose fotos con lo móviles fuera del ayuntamiento. Pétalos por el suelo. Nada de arroz que “¡ensucia!”. Eran de la boda previa. 

Mi gente guapi esperando a que nos dejasen pasar. Todos mezclados. Churrera matrimonial. 

Un bedel nos hace pasar y nos “da instrucciones” de cómo proceder, como un azafato de vuelo aburrido ya de repetir mil veces la misma cantinela. Vale, que sí, que no somos críos joder. 

El caso es que una vez en el salón, la musiquita (que no encajó con la entrada de la novia y luego se quejaron) y los buenismos sociales y maritales de igualdad, de derechos y de deberes de los cónyuges, la concejala del PNV me los casa en menos que canta un gallo. Y para rellenar algo más el tiempo del evento (imagino), va la tipa y nos suelta: - Y ahora voy a leer un poema de Jorge Luis Borges que nos gusta mucho, y que nos hace reflexionar sobre este maravilloso viaje que es la vida. 

INSTANTES 

“Si pudiera vivir nuevamente mi vida. 

En la próxima, trataría de cometer más errores. 

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. 

Sería más tonto de lo que he sido, de hecho, tomaría muy pocas cosas con seriedad. 

Sería menos higiénico, correría más riesgos. 

Haría más viajes, contemplaría más atardeceres.

Subiría más montañas, nadaría más ríos. 

Iría a más lugares donde nunca he ido. 

Comería más helados y menos habas. 

Tendría más problemas reales y menos imaginarios. 

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida. 

Claro que tuve momentos de alegría, pero si pudiese volver atrás, trataría de tener solamente buenos momentos. 

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, solo de momentos. 

No te pierdas el ahora. 

Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte, sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas. 

Si pudiese volver a vivir, viajaría más liviano. 

Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguirá así hasta concluir el otoño. 

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con niños. 

Si tuviera otra vez la vida por delante. 

Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.” 


✋ AVISO: si este empalagoso “poema” te ha removido algo, te ha hecho reflexionar de lo efímero de nuestra existencia, de las palabras no dichas, de los abrazos no dados, o incluso te ha emocionado, deja de leer ya. Este es tu final. Como en “La Princesa Prometida”, una historia termina bien o mal dependiendo de cuándo dejes de contarla. 

Te quedas con el poemita de Borges y a dormir con una sonrisa triste y buenas intenciones, de las que te habrás olvidado al despertar. 

FIN.



¿No? 

¿Quieres seguir? 

Vale. 

Igual en otro momento no hubiese hecho ni caso a todo lo que no encajaba en el supuesto poema. Pero mi mente estaba en modo crítico desatado, y eso de la higiene, el helado y el paracaídas me había rechinado bastante. Que no soy un erudito de Borges, pero hombre, aquí había algo raro. 

Con sólo un par de consultas en Google encontré la explicación. 

Bogues nunca escribió ese poema. De hecho, no es un poema. Es el ensayo humorístico “I'd Pick More Daisies" que el ilustrador norteamericano Don Herold escribió en 1931 y que se publicó en el “Readers Digest” en 1953, revisado por él mismo. 

Por azares del destino y la manipulación de alguna que otra mente excesivamente almibarada, se había convertido en un poema melancólico y reflexivo escrito por el maestro argentino, supongo que para darle empaque. 

Lo dicho; ensayo humorístico. 

Para pillarle el punto sarcástico al texto, habría que conocer las manías de Herold, un tipo prudente y ultra-organizado, con una ansiedad patológica a lo inesperado, que le hacía viajar excesivamente preparado y al que aterrorizaba la idea de enfermar a través de bacterias o virus, de ahí su trastorno obsesivo-compulsivo por la higiene. 

Al parecer el tipo era bastante particular, y al menos tenía la madurez de reírse de sí mismo. 

Aquí dejo tal cual, la versión publicada en el “Reader’s Digest” en 1953, versión extendida de su reflexión original de poco menos que dos párrafos: 

 “Of course, you can't unfry an egg, but there is no law against thinking about it. 

 If I had my life to live over, I would try to make more mistakes. I would relax. I would be sillier than I have been this trip. I know of very few things that I would take seriously. I would be less hygienic. I would go more places. I would climb more mountains and swim more rivers. I would eat more ice cream and less bran. 

I would have more actual troubles and fewer imaginary troubles. You see, I have been one of those fellows who live prudently and sanely, hour after hour, day after day. Oh, I have had my moments. But if I had it to do over again, I would have more of them - a lot more. I never go anywhere without a thermometer, a gargle, a raincoat and a parachute. If I had it to do over, I would travel lighter. 

It may be too late to unteach an old dog old tricks, but perhaps a word from the unwise may be of benefit to a coming generation. It may help them to fall into some of the pitfalls I have avoided. 

If I had my life to live over, I would pay less attention to people who teach tension. In a world of specialization we naturally have a superabundance of individuals who cry at us to be serious about their individual specialty. They tell us we must learn Latin or History; otherwise we will be disgraced and ruined and flunked and failed. After a dozen or so of these protagonists have worked on a young mind, they are apt to leave it in hard knots for life. I wish they had sold me Latin and History as a lark. 

I would seek out more teachers who inspire relaxation and fun. I had a few of them, fortunately, and I figure it was they who kept me from going entirely to the dogs. From them I learned how to gather what few scraggly daisies I have gathered along life's cindery pathway. 

If I had my life to live over, I would start barefooted a little earlier in the spring and stay that way a little later in the fall. I would play hooky more. I would shoot more paper wads at my teachers. I would have more dogs. I would keep later hours. I'd have more sweethearts. I would fish more. I would go to more circuses. I would go to more dances. I would ride on more merry-go-rounds. I would be carefree as long as I could, or at least until I got some care- instead of having my cares in advance. 

More errors are made solemnly than in fun. The rubs of family life come in moments of intense seriousness rather that in moments of light-heartedness. If nations - to magnify my point - declared international carnivals instead of international war, how much better that would be! 

G.K. Chesterton once said, "A characteristic of the great saints is their power of levity. Angels can fly because they can take themselves lightly. One 'settles down' into a sort of selfish seriousness; but one has to rise to a gay self-forgetfulness. A man falls into a 'brown study'; he reaches up at a blue sky." 

In a world in which practically everybody else seems to be consecrated to the gravity of the situation, I would rise to glorify the levity of the situation. For I agree with Will Durant that "gaiety is wiser than wisdom." 

I doubt, however, that I'll do much damage with my creed. The opposition is too strong. There are too many serious people trying to get everybody else to be too darned serious. 

Don Herold, Reader's Digest, October 1953” 


😕

El hecho de que no sea un poema, ni sea de Borges, tampoco le resta poder al punto de reflexión vital que presenta el autor. Así que, quedándome con la esencia, aquí va mi versión, que total, una más ya no va a hacer daño (¿he dicho que también se le atribuyó a Nadine Stair en el 1975? ¿donde se añadió eso del hombre de 85 años?)


“Si pudiera vivir mi vida de nuevo, cometería más errores. 

Sería más tonto de lo que he sido, no por estupidez, si no por tomarme menos cosas en serio. 

Me relajaría. Me arriesgaría más. Tal vez tendría más problemas reales, pero seguro que menos imaginarios. 

Si pudiera vivir mi vida de nuevo, empezaría a andar descalzo antes de primavera y seguiría así hasta bien entrado el otoño. 

Tendría más perros, subiría más montañas y nadaría más ríos. 

Iría a más bailes y robaría más besos. 

Buscaría más maestros que inspiren relajación y diversión, e ignoraría a todos los que venden confrontación, los que nos gritan que nos tomemos en serio su verdad. 
Hay demasiada gente seria intentando que todos los demás nos tomemos demasiado en serio. 

En un mundo en el que prácticamente todos parecen consagrados a la gravedad de la situación, yo me elevaría para glorificar la ligereza de esta. Porque estoy de acuerdo con Will Durant en que "la alegría es más sabia que la sabiduría". 

Si pudiera vivir mi vida de nuevo, recogería más margaritas.” 

ÓSCAR julio del 2026


jueves, 16 de julio de 2026

[Batallitas] Cita a Ciegas (parte I)

Escrito originalmente en diciembre del 2006 
Revisado en julio del 2026 (joe ¿20 años ya?) 





Lo que se narra a continuación son los hechos tal y como acontecieron. Bueno, al menos como yo los recuerdo una década después. De todos es sabido que con el tiempo los recuerdos se vuelven selectivos, se autocompletan y tienden a dramatizar lo sucedido.


Corrían los emocionantes 90, el grunge y la música electrónica ponían banda sonora a la explosión de internet, la primera PlaySation reventaba el ocio doméstico, y “Jurassic Park” triunfaba en cines mientras “Friends” lo hacía en TV. 

Y en la universidad hacíamos de todo menos ir a clase. 

Como miembros de la asociación universitaria AESS (Aerospace and Electronic System Society, toma ya), una rama estudiantil del IEEE, gozábamos de un despacho compartido con otra asociación. En nuestra mitad teníamos un flamante PC conectado a Internet con Windows 3.11 (trabajo en grupo); la otra mitad del despacho la ocupaba, casi en su totalidad, un ser de enormes dimensiones y mirada feroz, con quien manteníamos las distancias y al que tratábamos de mantener bien alimentado, por si acaso. Nunca supimos quien era, ni a qué asociación pertenecía.

Y así, navegando por la red de redes, batiendo récords del “buscaminas”, jugando al mus y conquistando el mundo en el Risk, pasábamos las horas entre el despacho, el bar y nuestros vecinos de TelecoGresca (despacho colindante) para perdernos en el País de Nunca Jamás (otra historia, otro día). 

Hasta que un venturoso día, alguien nos abrió los ojos al maravilloso e inconmensurable mundo del chat. ¿Cómo? ¿Poder hablar con cualquier persona del planeta sin moverse del despacho? ¿Entrar en canales católicos interpretando al anticristo y en foros lésbicos haciéndonos pasar por modelos guarrindongas? ¡Y todo con absoluto anonimato! ¡¡Toma mi dinero!! Ay... aquello era el paraíso del universitario ocioso. 

Un par de compañeras de asociación (pues sí, en telecos había chicas y hasta nos relacionábamos con ellas) descubrieron en el chat la plétora de las relaciones sociales: 12 ventanas abiertas con conversaciones simultáneas fue el récord (no exagero), y ya les hacían ver eso del internet con otros ojillos. Con ojillos golosones. 


Al caso. Cierta tarde andaba yo trasteando en el canal #barcelona del mIRC cuando inicié uno de esos piques dialécticos, sazonados con ocurrencias de lo más ingeniosas, con lo que decía ser una chica (que nunca se sabe). No recuerdo muy bien cómo, pero el tema derivó al menosprecio de mis categóricas y valiosísimas opiniones, aludiendo a mi corta edad. Supongo que rondaría los veintitrés, que tampoco es que fuese un niño de teta, pero como la moza decía que me aventajaba en unos cuatro años, argumentaba que esa diferencia le aportaba a ella un conocimiento y visión de la vida de los que yo carecía, y por ende, mis opiniones carecían de valor. 

"Falacia ad hominem como un pino”, pensé. 

Así que, no rindiéndome ante tan débil argumento, aludí a ello: 

orco_salvaje69> débil argumento es ese, bonita. 
pitufina27> pues si tan seguro estás de estar a la altura de las circunstancias... 
pitufina27> 93 123456 (para los ansiosos, no es real, me lo he inventado) 

Tal fue mi sorpresa que durante un instante no supe qué hacer. Parpadeé 3 veces y releí. 

- Tío, que me ha dado su teléfono -compartí con un amigo que esperaba turno del mIRC jugando al solitario con una baraja algo pegajosa ya. 

- Es un tío y se va a partir el culo cuando lo llames –dijo Pepe con su marcado acento onubense sin apartar la mirada de las cartas. 

- No creo. Demasiados comentarios de tía -me recosté en la silla del despacho y crucé brazos. 

- Es un tío maricón y te va a petar el culo por teléfono cuando lo llames -sentenció Pepe con una de sus clásicas burradas sin filtro. Y soltó una sonora carcajada. 

Abandonó las cartas y se sentó junto a mí. Era un tío rubio, delgado y de intensos ojos azules estilo nórdico, que te pegaba un bofetón cognitivo al oírlo hablar con su acusado acento del sur. 

Juntamos cabezas y le dimos un repaso a la conversación. 

- Joe, shulito. O este tío es muy, muy, pero que muy moña, o de verdad es una niña. 

- ¿Qué te dije? 

- ¡Eres un pichabrava, shulito! –dijo dándome una fuerte palmada en la espalda-. Apuntando alto, machote. Que te vas a follar a una tía que ya sabe de lo que va esto. Así te enseña un par de cositas, ¡y me las cuentas luego a mí! 

Otra carcajada. Era más bruto que un arado. 

- Seguro que es una ninfómana –continuó fantaseando Pepe- que consigue sus tiernos jovencitos universitarios en el chat y los convierte en hombres follándoselos como Dios manda. Venga, llámala, que seguro que ya se está frotando la entrepierna pensando en esas palabritas tan graciosas que le dices, shulito. 

- Tío, que no lo tengo claro. 

- ¡Pero tú eres gilipollas o qué! Una tía te ha dado su teléfono, pichulín. Esta noche mojas, o te empala un travelo. Aún estoy al 50%. ¡Jajaja! ¡Llama ya, cohones! 

Le dediqué al bueno y bruto de Pepe una intensa mirada de circunstancias: reto aceptado.

Descolgué el teléfono del despacho y marqué el número. Pepe se acomodó dispuesto a pasar un buen rato. A los pocos timbrazos oí una voz femenina y bastante agradable. 

“Gracias a Dios, una chica –pensé- Lo que se hubiese reído Pepe y el calvario que me hubiese hecho pasar el resto de carrera.” 

- Si que has tardado. ¿Tenías miedo, chiquitín? 

- Sí, de que fueses un camionero francés con intenciones perversas. 

Pepe trató de ahogar una carcajada. Ella soltó una risita agradable. 

La conversación duró lo justo para decirnos cuatro tonterías pretendidamente graciosas, darle mi número de teléfono para hablar más tarde y con más calma desde casita, y que Pepe representase una de las mejores mímicas de felación con lengua y mano que se han visto nunca. 

Y en una época sin móviles, sin whassaps ni apps de citas, con un único teléfono fijo por hogar al que tenías que llamar sabiendo que descolgaría el padre de la chica que te gustaba (eso es echarle huevos, chavales, no si das o no la "like" en Instagram), yo había cometido mi primer gran error: darle el número de teléfono de mi casa a una absoluta desconocida.


Más tarde y ya en casita, volví a hablar con pitufina27. Me podía el ansia. 

Estirando el cable del teléfono de la cocina, conseguí llegar hasta mi cuarto y entornar algo la puerta, para tener cierta falsa sensación de intimidad. La charla resultó más relajada, menos afilada, en un tono divertido y algo cómplice. A través de su voz suave y bien modulada, todo fluyó con normalidad a una cita “tête a tête” al día siguiente. 

Como mis hermanas demandaban el artefacto con cansina repetición, la charla no se alargó más. 

“Uah, una cita a ciegas, nen. Como la peli de Kim Basinger.” – me entusiasmé.

La verdad es que revisando el pasado te das cuenta de ciertos indicios que deberían haber activado alarmas y varias luces rojas. En concreto al comentario que hizo cuando le pregunté cómo iba a reconocerla; sí, eso tan bonito de las citas a ciegas: “pues llevaré boina francesa ladeada con un jersey de cuello cisne y estaré leyendo poesía social francesa del 65 para resultar de lo más interesante”. Ella respondió, con aparente molestia, que todos los tíos éramos iguales, que sabiendo cómo reconocerte, nos esperábamos escondidos en una cabina o tras una farola, y si no les gustaba lo que veían, desaparecíamos sin dejar rastro. 

Otras, como muy preciso todo, ¿no? 

Así que decidí identificarme yo (uno no quiere ser como TODOS los tíos, claro) y le contesté que estaría en la terracita del bar bebiendo una Voll-Damm y leyendo un libro. Y nos despedimos tan ricamente. 

Me fui a dormir con una sonrisa de idiota en la cara provocada por el entusiamo del pobre inocente que, cegado por la esperanza y la inexperiencia, se las promete más que felices. 

En fin.

(continuará...)

jueves, 9 de julio de 2026

Escritura hipnagógica y cronotipos



Siguiendo las indicaciones de un amigo de toda la vida, muy metido desde hace tiempo en conocimientos y prácticas más espirituales y menos pragmáticas (dejó Telecos a media carerra y ahora da talleres de "Cuento Maestro", "Acompañamiento en el Duelo" y demás), me decidí a escribir por las mañanas según las indicaciones de la autora Julia Cameron.

Me refiero al libro "El Camino del Artista".

¿Y esto de qué va? Bien, explico MUY resumido.

Recién te despiertas, cojes tu libreta de sueños o similar y escribes 3 páginas a mano, de lo primero que se te pase por la cabeza, sin filtros, sin juicios.
La idea es vaciar la mente para limpiar el ruido (que aún no sé a qué se refiere con "ruido") y dejar salir tu creatividad.

Se trata de dejar salir al artista creativo que hay en tí. Al autor literario universal que se supone que TODOS somos (aish, ya vamos mal).

Bien, probemos.


# Escrito HIP20250505 #

"Cuando las campanas resonaron a mediodía, sólo se oyó el graznido de un cuervo, después, el silencio más absoluto en el pueblo. Ni niños jugando, ni el rumor del mercado o el traqueteo de los carromatos tirados por caballos, ni ningún "agua va!".
El cuervo aleteó hasta la achaparrada torre del campanario y desde allí observó la enorme columna de polvo que se acercaba.

Se acercaba con rapidez.

Estruendo.

Al poco ya podían verse los primeros búntalos, con sus grandes cabezas triangulares y las enormes cinco astas cuneiformes.

Atravesaron el pueblo como una riada polvorienta de máquinas de destrucción. No importaban cercas, paredes o carros, no desviaron su carrera ante ningún obstáculo.
Algunos murieron en el acto al estamparse contra estructuras más resistentes, como la fuente de la plaza o los gruesos muros de la iglesia.

El cuervo alzó el vuelo pero no graznó. Sobrevoló la manada de búntalos presos del pánico hacia lo que les perseguía."

# FIN Escrito HIP20250505 #


Y hasta aquí llegué. ¿Tres páginas? ¿Recién levantado que no sé ni cómo me llamo? Mira Julia, yo no funciono así. Que soy cronotipo vespertino. Y lo sé mucho antes de que existiera el concepto de "cronotipo vespertino" (cómo nos gustan los palabros ¿eh?)

A finales de lo 80, principios de los 90, SALVAT publicó una colección maravillosa de libros científicos de varios ámbitos, y por casa rondaban algunos. 
Recuerdo haber leído "Dormir y soñar. La mitad nocturna de nuestras vidas", escrito por el autor alemán Dieter E. Zimmer.

Ahí me quedó muy claro que no era un bicho tan raro, y que como otros millones de personas, mi cerebro se despierta bajo mínimos, sin batería. Vamos, que a duras penas suelto un gruñido de buenos días mientras me arrastro al baño, y me molestan ruidos, chácharas y cualquier otro "input" hasta bien pasada una hora. Bueno, no solo me molesta, es que no lo proceso. Y no, no es resaca psicológica, es que soy "cronotipo vespertino", vale.

Otras personas son todo lo contrario: se levantan de la cama con un salto, ponen la radio, te cuentan todo lo que han soñado mientras revisan y responden whassaps haciendo el pino-puente, y encima te escriben las 3 malditas páginas del Camino del Artista antes de que la Nespresso haya escupido su primer maldito café (me pregunto para qué lo necesitan).

Oye, que cada uno es como es. Lo que a unos les puede funcionar a otros nos resulta inútil o incluso molesto. Que en realidad todos somos diferentes. Y esto parece que cuesta aceptar hoy en día, en el mundo de la igualdad y el pensamiento único.

En fin, que quien quiera probar las técnicas de "El Camino del Artista", tenga claro que si sus párrafos parecen escritos por un infante de 3 años montado en una montaña rusa, no hay que preocuparse: eres "cronotipo vespertido".

¡Bienvenido al club!

[Batallitas] Cita a Ciegas (parte II)

  Hasta ahora:  Los 90, yo escuchaba a TerrorVision y flipaba con la animación y BSO de “Pesadilla antes de Navidad”. En mi cuarto, póster d...