miércoles, 8 de julio de 2026

Antecendentes

 

Andaba yo a finales de junio sufriendo un infierno térmico en las colas de Disneyland París.

A media tarde decidí volverme al hotel a refrescar cuerpo y gaznate antes de desfallecer.

Ducha (creo que salió vapor al contacto con mi piel) y raudo al bar del hotel a por una buena jarra de cerveza helada.

Sentado en un sillón orejero frente a los ventanales que daban al lago, y degustando ya la segunda jarra, se me planta tamaño personaje delante (ver foto original).


Y empieza a graznar como un loco. A lo desesperado.

En el suelo, saltito, graznido, graznido, saltito, graznido, saltito y revoloteo hasta la barandilla delante de mis narices.

"Ya se irá" pensé viendo tamaño pollo de corral azabache. Sorbo mi cerveza.

Graznido, graznido, izquierda, derecha, graznido largo y psicótico.

"Pero qué cojo..."

Tanta fue la barrila que me dio, que saqué el móvil y empecé a hacerle fotos y hasta un video que me reservo, por mis comentarios y doblaje en directo del cansino bicho, no aptos para almas sensibles como las vuestras.

Al cabo de un (buen) rato se fue. Bien.

Pedí la tercera jarra de 1964 (psé), un préstamo a 6 meses a Credit Suisse para poder costear el refrigerio del Captain's Quarters y perdí la mirada allende el lago.

"Un cuervo en Disney, curioso", me extrañé. "Debe ser el de Maléfica", sonreí, me atusé la perilla y di otro trago largo a la rubia francesa.


Y no volví a pensar en él.


Hasta una semana y media más tarde, cuando en la primera sesión conjunta del curso de canalización, Laura canaliza a nuestro espíritu guía y resulta ser... un cuervo.


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